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Un hogar feliz para dos

Qué hacer cuando las decisiones no dependen solo de uno sino de dos… Un buen ingrediente para crear un hogar  es tomar en cuenta los gustos de la persona que vive con nosotros, sea nuestra pareja, madre, otro familiar o un amigo cercano, etc.

Cuando convivimos con otra persona a veces nos enojamos porque ésta actúa de manera diferente a lo que nosotros queremos a lo que llamaremos “Enojos cotidianos” como cuando nos molestamos porque la otra persona deja la puerta del baño abierta o porque no llevó el plato de la mesa al lavatrastos, cosas así.

Si nos detenemos a pensar un poco esos “Enojos cotidianos” no tienen sentido porque simplemente la otra persona está actuando según su naturaleza, su propia manera de ser no según la nuestra.  Pues “Qué culpa tiene el pato de actuar como pato”, somos más locos nosotros por pretender que actúe de manera diferente y encima enojarnos.  Por una pequeñez nos arruinamos el día o incluso puede que el enojo dure varios días.  ¡Qué horror! Y eso sin contar cuando peleamos con la otra persona, entonces los que se arruinan el día son dos.

Cuando compartimos la casa con un familiar, pues ni modo, la familia no se elige; pero qué cuando convivimos con una pareja, nosotros mismos elegimos a esa persona por las características que tiene y que en su momento nos parecieron atractivas, por ejemplo cuando no vivíamos juntos nos agradaba porque era muy alegre y siempre  participaba en todas las actividades.  Ahora que vive con nosotros nos enojamos porque nunca está en casa por participar en todas las actividades… Ven lo que digo, antes ya actuaba de “esa manera” ahora que comparten la misma casa sigue actuando así porque esa es su naturaleza.  En realidad si nos enojamos quienes necesitamos sentarnos a reflexionar somos nosotros mismos. Especialmente si nosotros mismos elegimos a esa persona. Ella o él está bien, solamente está actuando según su propia manera de ser.

Nosotros queremos blanco y la otra persona quiere negro.  ¡Qué dilema! No nos aflijamos,  seguro que hay un término medio en el que ambos nos sintamos bien. El primer paso es conversar para saber qué  le gusta a ella o a él y qué nos gusta a nosotros.  Les aseguro que aunque pensemos que nos conocemos bien, podemos llevarnos algunas sorpresitas.



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He notado que algo curioso sucede y lo digo por experiencia, me tomó años darme cuenta de esto y aún ahora si actúo impulsivamente vuelvo a cometer el mismo error que me provoca un enojo y una frustración tan grande y qué decir de los demás…, todos terminamos molestos y creando un momento desagradable. ¡Qué pérdida de energía!  La cuestión es que a menudo pensamos que lo que es bueno para nosotros también es bueno para la otra persona.  Lo damos por sentado, tanto así que ni siquiera le preguntamos lo que le gusta o quiere.  Cuando nos venimos a dar cuenta ya hemos trabajado mucho, gastado tiempo y dinero y cuando presentamos nuestra obra maestra nos enfrentamos con un regaño o con una desilusión de parte de la otra persona.  Duro verdad, pero no nos enojemos ni nos resintamos, detengámonos a pensar un poco y nos daremos cuenta, que por buenas que hayan sido nuestras intenciones, quien en realidad cometió el error fuimos nosotros mismos por no preguntar primero y no tomar en cuenta su opinión. 

No nos pongamos tristes, si pusimos mente, alma y corazón en algo que no le gustó a la persona con quien vivimos —tiene solución—.  Calmémonos, esperemos un buen momento para hablar y conocer sus gustos y lo que quiere.  Si podemos volvamos hacer todo de manera que ambos nos sintamos felices con el resultado.  Si no, pues toca aprender la lección y  cuando se dé una próxima ocasión preguntar primero antes de actuar.

Confieso que creo que puede ser un poco complicado tomar el gusto de dos personas y convertirlo en uno sólo, pero un buen punto de partida podría ser considerar que su hogar debe ser un reflejo de lo que más les gusta, les hace sentir confortables, felices y les ayuda a crear la vida que –ambos- desean.  Por ejemplo, si a uno le gusta el negro y al otro el blanco, podrían comprar una mesa negra y una lámpara blanca, de modo que  satisfaga el gusto de ambos.



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Por último sugiero que vayamos un paso a la vez, es más fácil y habrá más probabilidades de tener un resultado que  haga felices a ambos.  Una de las características del amor verdadero es mirar juntos en la misma dirección, podría decirse no la de ella, no la de él, sino una tercera dirección agradable y conveniente para ambos.   Cuando hablo de amor, no solo me refiero al amor romántico de pareja, sino al amor que se siente por un familiar o por un buen amigo.    

Algo importante a considerar  cuando vivimos con otra persona antes de deshacernos de algo que no es nuestro primero preguntemos, para no herir sentimientos, los de la otra persona y los nuestros por el lío que se puede armar.